Johnny Marco es un afamado actor de cine idolatrado y radiante, extenuado por un soso hedonísmo y levedad soporifera, con deseos sobrevaluados (como los de todos) pero con la sencilla capacidad de realizarlos al pinchar una tecla de su telefono, ¿Sera que Sofia Coppola trato de sobre-exponer que la vida de algunos de estos personajes tan agraciados como Marco son tan absurdas y burdas como la de todo el mundo. El sobrevaluado espectro de la fama y la negligencia para vivir no tiene sentido cuando deja de ser divertido, porque no hay nada más deprimente que el exceso sin diversión. En cierto momento la realidad lo tropieza, un tonto accidente sin sentido lo postra en una situación de nula relevancia física, pero de profunda vulnerabilidad emocional, lo que le permite de paso y por fortuna observar desde otra perpectiva a un tesoro empolvado que guarda en su corazón; Cleo; su hija, que exhala profunda y vibrante vida. Cleo, con su maravillosa simpleza para brillar mientras camina colapsa a Jhonny, esa sonrisa y el enfasis por hacer cosas para compartirlas con las personas que valora no se compara con un striptease doble en un hotel de 10 estrellas. Los helados a media noche, la evasióna a los paparazzis, las horas interminables de aburrición ligado a un videojuego y la hora del té inmerso en una piscina adquiren un sentido diferente cuando se esta con alguien querido. Johnny Marco entiende sin aprender, porque la mayoria entendemos sin aprender, el vacio desolador, la manía por la indiferencia colectiva, la posibilidad de ser amado sin sentirse del todo completo con ello........¡que mas dá! Aunque existe una esperanza........... Johny Marco abandona su auto de lujo a mitad de una carretera y sin querer, al mirar cielo, ha observado que ese camino, en alguna parte, posee aún demasiadas posibilidades. Aburrida por momentos (creo que ese es el objetivo) para decir algo tan sencillo y fundamental, Somewhere son de esa clase de filmes Trilces que no se van sin dejar un sabor de plenitud cuando finalizan.
miércoles, 20 de abril de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
El último instante de la noche más hermosa del fin del mundo.
Esa noche el escritor, aturdido por el estupor de multitudinarios ríos de imágenes soñó que miraba reflejado su rostro marchito sumido en una laberíntica y espesa confusión, en una inexpresividad turbia a través de un espejo empañado en el cuarto de baño. Sin fuerzas dejó caer el peso de su frente contra éste, murmuraba algo inentendible mientras el vapor de agua se tragaba la habitación como un lobo hambriento que devoraba ferozmente todo a su paso, dejando un rastro de vacío absoluto y sigiloso. Sintió aquel calor intempestivo y fulminante vulnerando su piel, recuerdos corrosivos de fotografías ampuladas por el fuego que juega con ellas entre sus llamas chocaron en su memoria, sacudió su cabeza tratando de alejar esos pensamientos tortuosos; como un perro mojado, apretó sus ojos con fuerza mientras lamía temblando las gotas de agua saladas que escurrían de su frente hasta sus labios. Le pareció que el mundo y todas las cosas que giraban dentro de él estaban hechas de algo parecido a aquella nada blanquizca y misteriosa, tan simple como aquella insignificante y poderosa inexpresividad que abraza cuanto tiene enfrente sin dar cabida a la hesitación. Algo como esa “cosa” que se había tragado todo a su alrededor sin dar espacio a rutas de emergencia. Cada vez podía observar menos, lo único que pudo enfocar (esforzándose un poco) fue su antebrazo blandengue erizado de pavor, sus venas exaltadas como un dique a punto de romperse, sintió la fuerza colérica con la que sujetaba la navaja de afeitar con las yemas de sus dedos, súbitamente, en un instante, pudo conciliar la sosa inmovilidad de la vida envuelta en su sinsentido abismal, la pasividad mortífera con la que cruzaban los segundos, una tristeza extraviada, una nostalgia agotada, un silencio aterrador, todo junto de una sola bocanada, tal vez –pensó- todo aquello formaba parte de un ansuelo que el mismo se había tendido en alguno de tantos momentos de flaqueza, un laberinto que sin darse cuenta había optado como camino para llegar a ninguna parte……Estaba pues acorralado y aunque nunca fue del todo un pesimista, no tenía motivos para tratar de encontrar alguna salida. De pronto la furia se hizo uno con la calma, del silencio brotaron sonidos apacibles que lo tranquilizaron al tiempo que dibujaron la habitación de tonalidades rojo púrpura; era su sangre, su sangre que brotaba vibrante sobre el mármol blanco de aquella bañera hermosa, su sangre que no alcanzaba a ver pero imaginaba correr como un río espumoso corriente abajo, como un hombre que deja ver sus cartas se dejo a aquella sensación de asfixia placentera, aquella sed y sin sabor. Crispó sus muñecas al tiempo que abrazó abyectamente su destino como lo más valioso que había tenido entre sus manos. Se tumbó en el jacuzzi hasta el tope de cubos de hielo completamente exhausto.
La llamada me despertó a las 02:43 A.M. Un viejo amigo que creía muerto hacía años me telefoneó para entregarme la noticia. No tuve tiempo para preguntarle si realmente estaba vivo o seguía soñando pesadillas, una fila interminable de preguntas quedaron en el desasosiego, el solo dijo: “Soy fulano de tal…………Jack esta muerto”. Intente conciliar el sueño pero me fue imposible. Me levanté de la cama despacio pero decisivo, miré al otro extremo y examiné detenidamente el cuerpo desnudo de una mujer morena que dormía a mi lado pero no pude recordar quién era, ni siquiera su nombre. Tuve la idea de haberla amado como a nadie, con ternura y brutalidad, posiblemente una vida entera, pero y sin embargo simplemente no pude recordarlo. Me puse mis botas despacio, una camisa arrugada, como un autómata me dirigí hacia el espejo y acaricie mi barba crecida, miré a través de las cortinas rojas de la ventana, contemple por algunos segundos las pirotecnias en el cielo, al parecer alguien celebraba el fin del mundo. Podía a lo lejos escuchar el crepitar de las multitudes haciéndese añicos entre sí allá afuera, la ciudad era un infierno y yo estaba sitiado en su culo………………………. Fulminante, el recuerdo del sueño en la bañera me abordó, violentamente algo crujió dentro de mí, tomé mi sombrero y salí corriendo sin saber a donde me dirigía. Corrí por el largo y oscuro pasillo del hotel, me tropecé con un borracho, rodé por las escaleras empinadas golpeándome varias veces la cabeza sin sentir dolor alguno, tan solo un espeso estupor, abrí los ojos y noté que seguía con vida, retomé la carrera y salí dando tumbos como desquiciado empujando la puerta del hotel, choqué con lo que restaba de una mujer rubia que se inyectaba heroína en su tobillo derecho, me increpó copiosamente, su aliento olía a muerte, mientras me alejaba corriendo logré ver una vez más su sonrisa derruida cuando esta me lanzaba sus gritos afónicos diciéndome:_ ¡Bastardo, dios te espera con los brazos abiertos, has llegado a Tijuana!_
Mientras driblaba entre las calles mortíferas pensaba en algo que alguien alguna vez supongo dijo: “Hay dos maneras de hombres que sufren en la vida, los que sufren por falta de ella y los que sufren por una sobre-abundancia”, siempre que reparaba en ello, me auto diagnosticaba de inmediato la segunda, había soñado a muerte y justo después estaba en plena lucha por encontrarla…………. Sería muy difícil pensar en una ciudad en ruinas sin imaginar primero esta. Colapsada infraestructural y espiritualmente, cientos de indigentes por las calles, en cada callejón, en cada esquina, decenas de ellos, catrachos, mandarines, yanquis, nicos, pochos, pakis…. la torre de babel de la miseria, el vicio y el desamparo, parecía como si una civilización de muertos revividos hubiera terminado con el pueblo entero, la ciudad del infierno se había esparcido como una enfermedad, como una sátrapa profética se había multiplicado, el país infierno, el planeta infierno. Letreros enormes promocionando SLOGANS de decenas de nuevas iglesias erigidas: “El ultimo resquicio de La humanidad” “La luz de los vencidos”. Bibliotecas del fin y principio de la nueva vida, ferias que vendían espiritualidad como vales de despensa, exposiciones cósmicas que pretendían recobrar 175.000 años de tiempo perdido, la fé volvía a ser un negocio redondo en esta ciudad desabastecida de creyentes , pero era ya demasiado tarde, Lucifer había trepado de su guarida y había acicalado el hocico de sus peones y ellos alegres habían desistido, un Dios enorme y bestial harto de piedad había abierto el cielo con sus manos para tragarse con sus fauces a sus corderos. Era curioso. Mientras más nula es la posibilidad de esperanza mas alto es el precio para ofertarla. El fuego se tragaba el cielo, hacia semanas, tal vez meses que no salía el sol, el frío carcomía los huesos, los pensamientos, la gente intercambiaba pedazos de madera y aceite quemado afuera de los trashmarts, la vida se había convertido en el día del eterno apocalipsis, el juicio final era un chiste, un vago aliciente. Corrí por decenas de minutos con los puños apretados, con los ojos apretados sin importar a donde me dirigía……con esas permanentes ganas de llorar sin poder hacerlo…….llegué sin querer a la estación de ferrocarriles, como perdido sabiendo cual era mi camino. Como en una densa oniría supuse que había estado mil veces antes en ese lugar, una fantástica ruina urbana encantada, el espeso follaje de las plantas cubriéndola casi por completo, podías percibir la existencia de decenas de aves tratando de dormir en las copas de los árboles; silencioso lugar de franco albedrío diría Jack……….. En un lugar como este lo había conocido, no sé cómo, porque, ni para qué, pero supe entonces que los sueños eran destino y el destino como los sueños se hacían a mano y sin permiso. El se montaba sobre un cubo viejo hablando de manera sarcástica y graciosa sobre el fin de los días, el apocalipsis, el absurdo humano, su sinsentido abismal, en fin; de la reminiscencia de la vida y la creación como posible cura. Yo quedé anonadado escuchando al viejo merolico, la forma en que se reía de las usuales metas de sus congéneres y de la poca relevancia que tenía en su vida y existencia, usualmente los comparaba con hormigas, autómatas especializados cada quien enfrentando sus diminutos y específicos retos por decenas de horas, recompensados con un par de cervezas los fines de semana y con la quimera distante de ser el encargado. “Generaciones de cabezas gachas con sueños cortos, patéticamente moldeadas para comportarse de una manera estandarizada para efectos de digestión social, No corras, camina, no pienses, imita, No preguntes…tan solo asiente”. La gente lo detestaba, los snobs que bajaban de los vagones de primera clase, la gente que pretendía estar bien todo el tiempo y mostrar seguridad a toda costa, actuar por pose y no por emoción. Los oficiales lo arrestaban constantemente, pero era un tipo duro que nunca bajaba los brazos, poco a poco un grupo de personas desconocidas todas entre nosotros acudíamos a escuchar su palabra constantemente, desarrollar sus hipotesis, no es que fuera lo máximo; pero en un lugar donde la gente se amordazaba con su silencio, escucharlo era un acto insurrecto. El hombre autodestructivo –decía- se siente totalmente solo, a la deriva de la comunidad humana, pero y sin embargo la sociedad y el mundo en que habita es tan solo una amplificación de el mismo. Pérdida y catástrofe. Las guerras, la hambruna, las inundaciones, los terremotos de alguna manera responden a necesidades bien definidas. El hombre es caos. Es su parte esencial más placentera. Debo admitir que al principio no entendí lo que trataba de proyectar.
¿Cómo una persona con tanta rabia en sus palabras podía generar de alguna manera conciencia positiva sobre algo? Pero con el tiempo comprendí que dentro del lenguaje de la desesperación y violencia que emanaba, habitaba una expresión existencial que derivaba precisamente en lo opuesto, destruir para crear; destruir los viejos esquemas desvencijados para crear nuevos paradigmas que figuraban y que soportaban ideas propias y novedosas, pilares y virtudes de una vida apasionada, cuestionaba la responsabilidad y magnitud de lo que éramos, nuestras creaciones como plataforma vívida, utilizar nuestra voz como instrumento mortífero. No era suficiente percibir el estado deplorable en que nos encontrábamos; espiritual, social, emocional, humano, político, hacer algo al respecto era lo que nos correspondía. Así que le prendimos fuego a la ciudad todas las noches, y la implacable música brotó de nuestros pulmones, las calles nos pertenecieron, la rabía fue nuestro dominio. Vivimos como si cada noche fuera única y sin retorno, como las más efímera y bella de todas las composiciones, algo cercano a la libertad, tan solo eso; porque la experiencia de vida solo se concede aquellos que deshilvanan sus ataduras. Y………Y………..nada…………… El aprendiz de Principito había muerto.
El cansancio se postraba en los hombros del escritor, así que se tumbó afuera de la estación de ferrocarriles y se fumó un cigarrillo. Poco después cerró los ojos y se quedó dormido, había resbalado en el sinuoso engranaje de aquel sueño nuevamente, había entrado a la bañera, pero esta vez pudo observarse desde afuera, pudo ver su figura buscando el reflejo de él mismo en el espejo empañado, se acercó para lograr escuchar el murmullo de sus labios y entendió que no estaba triste ni asustado, que lo inundaba un sentimiento de emoción como cuando se lanza uno al vacio; una forma de liberación a través de la experimentación, sintió paz; porque se entregaba ansioso a esa larga vida de sueños múltiples, y de eternos despertares, que va dejando rastros de diamantes que contienen secretos privilegiados de la vida….. El tren silbo furioso, el escritor se despertó pasmado, los pájaros huyeron veloces haciendo un remolino en el cielo, el sol parecía levantarse, sintió que había dormido por días enteros, meses, algo en él había rejuvenecido…… No pudo contener el llanto, no quiso contener el llanto que vaciaba su cuerpo, miro el cielo y adoro la poca luz que le sobraba al sol, la tomo como atrapándola y lavo su rostro con ella, lloraba y reía, lloraba y reía…………………… Minutos después decidió regresar a la ciudad en ruinas no sin antes escribir el bello poema que el susurro de sus sueños le había obsequiado como preámbulo de su muerte: Alguna vez había sentido amor. Y con ese amor había crispado mis mejillas para mantenerme de pie ante el dolor. Había cantado por las mañanas mientras las olas se llevaban y traían nuevas soledades. Miré despacio morir a mis semejantes comprendiendo con orgullo que la muerte de mis congéneres cargaba en sus brazos torrentes de vida luminosa. Había tenido amigos, había sentido escalofríos al ver filmes viejos y enternecedores, había esperado el amanecer bailando y había llorado mil veces cuando no existió alguna otra salida. Había sido un niño con la tonta impaciencia para ser un hombre y fui un hombre con el duelo constante al dejar de ser niño. Miré mis manos temblando alguna vez de rodillas y el cielo se abrió para darme pido a la vida y nunca di las gracias. Bebí y perdí constante y en mi pérdida encontré palabras hechas de sangre y huesos abriendo un poco las costuras de mi corazón. Había amado como si el día del fin fuera el próximo en venir e intente quedarme allí por siempre y para siempre. Luche buscando un espacio para incrustar la eternidad en mi sonrisa.
La llamada me despertó a las 02:43 A.M. Un viejo amigo que creía muerto hacía años me telefoneó para entregarme la noticia. No tuve tiempo para preguntarle si realmente estaba vivo o seguía soñando pesadillas, una fila interminable de preguntas quedaron en el desasosiego, el solo dijo: “Soy fulano de tal…………Jack esta muerto”. Intente conciliar el sueño pero me fue imposible. Me levanté de la cama despacio pero decisivo, miré al otro extremo y examiné detenidamente el cuerpo desnudo de una mujer morena que dormía a mi lado pero no pude recordar quién era, ni siquiera su nombre. Tuve la idea de haberla amado como a nadie, con ternura y brutalidad, posiblemente una vida entera, pero y sin embargo simplemente no pude recordarlo. Me puse mis botas despacio, una camisa arrugada, como un autómata me dirigí hacia el espejo y acaricie mi barba crecida, miré a través de las cortinas rojas de la ventana, contemple por algunos segundos las pirotecnias en el cielo, al parecer alguien celebraba el fin del mundo. Podía a lo lejos escuchar el crepitar de las multitudes haciéndese añicos entre sí allá afuera, la ciudad era un infierno y yo estaba sitiado en su culo………………………. Fulminante, el recuerdo del sueño en la bañera me abordó, violentamente algo crujió dentro de mí, tomé mi sombrero y salí corriendo sin saber a donde me dirigía. Corrí por el largo y oscuro pasillo del hotel, me tropecé con un borracho, rodé por las escaleras empinadas golpeándome varias veces la cabeza sin sentir dolor alguno, tan solo un espeso estupor, abrí los ojos y noté que seguía con vida, retomé la carrera y salí dando tumbos como desquiciado empujando la puerta del hotel, choqué con lo que restaba de una mujer rubia que se inyectaba heroína en su tobillo derecho, me increpó copiosamente, su aliento olía a muerte, mientras me alejaba corriendo logré ver una vez más su sonrisa derruida cuando esta me lanzaba sus gritos afónicos diciéndome:_ ¡Bastardo, dios te espera con los brazos abiertos, has llegado a Tijuana!_
Mientras driblaba entre las calles mortíferas pensaba en algo que alguien alguna vez supongo dijo: “Hay dos maneras de hombres que sufren en la vida, los que sufren por falta de ella y los que sufren por una sobre-abundancia”, siempre que reparaba en ello, me auto diagnosticaba de inmediato la segunda, había soñado a muerte y justo después estaba en plena lucha por encontrarla…………. Sería muy difícil pensar en una ciudad en ruinas sin imaginar primero esta. Colapsada infraestructural y espiritualmente, cientos de indigentes por las calles, en cada callejón, en cada esquina, decenas de ellos, catrachos, mandarines, yanquis, nicos, pochos, pakis…. la torre de babel de la miseria, el vicio y el desamparo, parecía como si una civilización de muertos revividos hubiera terminado con el pueblo entero, la ciudad del infierno se había esparcido como una enfermedad, como una sátrapa profética se había multiplicado, el país infierno, el planeta infierno. Letreros enormes promocionando SLOGANS de decenas de nuevas iglesias erigidas: “El ultimo resquicio de La humanidad” “La luz de los vencidos”. Bibliotecas del fin y principio de la nueva vida, ferias que vendían espiritualidad como vales de despensa, exposiciones cósmicas que pretendían recobrar 175.000 años de tiempo perdido, la fé volvía a ser un negocio redondo en esta ciudad desabastecida de creyentes , pero era ya demasiado tarde, Lucifer había trepado de su guarida y había acicalado el hocico de sus peones y ellos alegres habían desistido, un Dios enorme y bestial harto de piedad había abierto el cielo con sus manos para tragarse con sus fauces a sus corderos. Era curioso. Mientras más nula es la posibilidad de esperanza mas alto es el precio para ofertarla. El fuego se tragaba el cielo, hacia semanas, tal vez meses que no salía el sol, el frío carcomía los huesos, los pensamientos, la gente intercambiaba pedazos de madera y aceite quemado afuera de los trashmarts, la vida se había convertido en el día del eterno apocalipsis, el juicio final era un chiste, un vago aliciente. Corrí por decenas de minutos con los puños apretados, con los ojos apretados sin importar a donde me dirigía……con esas permanentes ganas de llorar sin poder hacerlo…….llegué sin querer a la estación de ferrocarriles, como perdido sabiendo cual era mi camino. Como en una densa oniría supuse que había estado mil veces antes en ese lugar, una fantástica ruina urbana encantada, el espeso follaje de las plantas cubriéndola casi por completo, podías percibir la existencia de decenas de aves tratando de dormir en las copas de los árboles; silencioso lugar de franco albedrío diría Jack……….. En un lugar como este lo había conocido, no sé cómo, porque, ni para qué, pero supe entonces que los sueños eran destino y el destino como los sueños se hacían a mano y sin permiso. El se montaba sobre un cubo viejo hablando de manera sarcástica y graciosa sobre el fin de los días, el apocalipsis, el absurdo humano, su sinsentido abismal, en fin; de la reminiscencia de la vida y la creación como posible cura. Yo quedé anonadado escuchando al viejo merolico, la forma en que se reía de las usuales metas de sus congéneres y de la poca relevancia que tenía en su vida y existencia, usualmente los comparaba con hormigas, autómatas especializados cada quien enfrentando sus diminutos y específicos retos por decenas de horas, recompensados con un par de cervezas los fines de semana y con la quimera distante de ser el encargado. “Generaciones de cabezas gachas con sueños cortos, patéticamente moldeadas para comportarse de una manera estandarizada para efectos de digestión social, No corras, camina, no pienses, imita, No preguntes…tan solo asiente”. La gente lo detestaba, los snobs que bajaban de los vagones de primera clase, la gente que pretendía estar bien todo el tiempo y mostrar seguridad a toda costa, actuar por pose y no por emoción. Los oficiales lo arrestaban constantemente, pero era un tipo duro que nunca bajaba los brazos, poco a poco un grupo de personas desconocidas todas entre nosotros acudíamos a escuchar su palabra constantemente, desarrollar sus hipotesis, no es que fuera lo máximo; pero en un lugar donde la gente se amordazaba con su silencio, escucharlo era un acto insurrecto. El hombre autodestructivo –decía- se siente totalmente solo, a la deriva de la comunidad humana, pero y sin embargo la sociedad y el mundo en que habita es tan solo una amplificación de el mismo. Pérdida y catástrofe. Las guerras, la hambruna, las inundaciones, los terremotos de alguna manera responden a necesidades bien definidas. El hombre es caos. Es su parte esencial más placentera. Debo admitir que al principio no entendí lo que trataba de proyectar.
¿Cómo una persona con tanta rabia en sus palabras podía generar de alguna manera conciencia positiva sobre algo? Pero con el tiempo comprendí que dentro del lenguaje de la desesperación y violencia que emanaba, habitaba una expresión existencial que derivaba precisamente en lo opuesto, destruir para crear; destruir los viejos esquemas desvencijados para crear nuevos paradigmas que figuraban y que soportaban ideas propias y novedosas, pilares y virtudes de una vida apasionada, cuestionaba la responsabilidad y magnitud de lo que éramos, nuestras creaciones como plataforma vívida, utilizar nuestra voz como instrumento mortífero. No era suficiente percibir el estado deplorable en que nos encontrábamos; espiritual, social, emocional, humano, político, hacer algo al respecto era lo que nos correspondía. Así que le prendimos fuego a la ciudad todas las noches, y la implacable música brotó de nuestros pulmones, las calles nos pertenecieron, la rabía fue nuestro dominio. Vivimos como si cada noche fuera única y sin retorno, como las más efímera y bella de todas las composiciones, algo cercano a la libertad, tan solo eso; porque la experiencia de vida solo se concede aquellos que deshilvanan sus ataduras. Y………Y………..nada…………… El aprendiz de Principito había muerto.
El cansancio se postraba en los hombros del escritor, así que se tumbó afuera de la estación de ferrocarriles y se fumó un cigarrillo. Poco después cerró los ojos y se quedó dormido, había resbalado en el sinuoso engranaje de aquel sueño nuevamente, había entrado a la bañera, pero esta vez pudo observarse desde afuera, pudo ver su figura buscando el reflejo de él mismo en el espejo empañado, se acercó para lograr escuchar el murmullo de sus labios y entendió que no estaba triste ni asustado, que lo inundaba un sentimiento de emoción como cuando se lanza uno al vacio; una forma de liberación a través de la experimentación, sintió paz; porque se entregaba ansioso a esa larga vida de sueños múltiples, y de eternos despertares, que va dejando rastros de diamantes que contienen secretos privilegiados de la vida….. El tren silbo furioso, el escritor se despertó pasmado, los pájaros huyeron veloces haciendo un remolino en el cielo, el sol parecía levantarse, sintió que había dormido por días enteros, meses, algo en él había rejuvenecido…… No pudo contener el llanto, no quiso contener el llanto que vaciaba su cuerpo, miro el cielo y adoro la poca luz que le sobraba al sol, la tomo como atrapándola y lavo su rostro con ella, lloraba y reía, lloraba y reía…………………… Minutos después decidió regresar a la ciudad en ruinas no sin antes escribir el bello poema que el susurro de sus sueños le había obsequiado como preámbulo de su muerte: Alguna vez había sentido amor. Y con ese amor había crispado mis mejillas para mantenerme de pie ante el dolor. Había cantado por las mañanas mientras las olas se llevaban y traían nuevas soledades. Miré despacio morir a mis semejantes comprendiendo con orgullo que la muerte de mis congéneres cargaba en sus brazos torrentes de vida luminosa. Había tenido amigos, había sentido escalofríos al ver filmes viejos y enternecedores, había esperado el amanecer bailando y había llorado mil veces cuando no existió alguna otra salida. Había sido un niño con la tonta impaciencia para ser un hombre y fui un hombre con el duelo constante al dejar de ser niño. Miré mis manos temblando alguna vez de rodillas y el cielo se abrió para darme pido a la vida y nunca di las gracias. Bebí y perdí constante y en mi pérdida encontré palabras hechas de sangre y huesos abriendo un poco las costuras de mi corazón. Había amado como si el día del fin fuera el próximo en venir e intente quedarme allí por siempre y para siempre. Luche buscando un espacio para incrustar la eternidad en mi sonrisa.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
