La avenida de las estatuas
violadas sería entonces su nuevo nombre.
Mientras corríamos por las
aceras podía ver los mares de gente trastabillando como en una cuerda floja,
tentando a oscuras su nebuloso porvenir.
Gritábamos a ciegas. Tarareábamos
a unísono consignas mudas que jamás serían escuchadas.
Eso era México; México
defraudado, México traficado, México saqueado, México mediatizado, México idiotizado, México comercializado,
México ultrajado, México vulnerado y subestimado.
El 07 de Julio en la marcha de
las estatuas violadas entendimos todos los caminantes enfurecidos y tristes que
habíamos perdido nuevamente la batalla. Que habíamos optado jugar en último
momento un juego que no estaba diseñado para que ganáramos algúna vez. Que habíamos
jugado otra vez con ese viejo ampón llamado Democracia Mexicana suplicando que
esta vez desistiera de utilizar sus viejos trucos sucios.
Esta vez entendíamos penosamente
que no sería suficiente armarnos de conciencia y poesía para hacerles frente,
que nuestras canciones de ilusa libertad y unión nunca rozarían siquiera sus corazones.
Que ellos contaban con
riquezas incalculables.
Con sistemas de manipulación de
masas apabullantes.
Pseudo-lìderes de opinión comprados
y descerebrados.
Que a ellos los soportaban las
instituciones financieras.
Las cadenas de supermercados.
La opulenta oligarquía política
del país.
Los sindicatos corruptos.
Los intereses internacionales.
Un ejército de militares descorazonados
y desconcientizados que exterminarían si así estuviera estipulado en la nueva
agenda.
El sistema de facto maquillaría,
compraría, violaría, malversaría cualquier resquicio de ética básica para mantener
la permanencia de los suyos en el poder, que los medios para mantener la
sustentabilidad de la élite burocrática y empresarial no conocía límite alguno,
no reconocía cifras, estadísticas, no diferenciaba entre pobreza y ejecuciones.
Eso era México.
Y nuestra rabia se dispersaba
sin llegar a un punto fijo, sin aterrizar en ninguna parte.
¿Entonces que hay que hacer?
¿Hacia dónde ir?
No encontrábamos respuestas.
Porque en el fondo no se
trataba de que hubiera ganado uno u otro. Se trataba de haber cruzado este
largo y triste recorrido de mentiras, de cinismo en el nombre de construir un
nuevo sendero. El dolor que provocaba ver desmoronarse esa costosísima pifia,
un teatro que se había montado para llegar al fin al mismo punto:
El desamparo. La Ignominia.
En el fondo lo que nos
laceraba era ver el triste e inexorable panorama que nos aguardaba. Que no merecíamos,
pero que algunos cuantos ya nos tenía reservado.
¿Entonces que hay que hacer?
Re-pensar. Construir.
Reconstruir. Reconfigurar.
¿Hacia dónde ir?
Re-direccionar. Pero con el
mismo objetivo.
Las respuestas a fuerza de
necedad llegaron por si solas.
Habría que volver a construir
los caminos, dejar de jugar su juego; autoproducir, autogestionar, autodirigir
nuestro porvenir.
Reconfigurar la estrategia;
porque si habíamos llegado aquel callejón sin salida había sido por una cultura
de corrupción y malversación que habían construido ellos, la cual habían tardado
en construir decenas de años, la cual nos había sido heredada desde que nacimos
en este pueblo. Y nuestra respuesta primordial sería construir una nueva plataforma
cultural y de sustentabilidad para vivir. Construir al menos los cimientos para
que nuestros niños crezcan rodeados de otros paisajes y posibilidades y añorar
nuevas expectativas, nuevos porvenires.
Hay que ir entonces a donde
nos lleven los caminos que vayamos construyendo.
Hay que redireccionar la rabia
de manera inteligente. Esta sería nuestra materia prima.
Porque si el conformismo nos
sujetara una vez más. Si la desmoralización nos invadía de nuevo jamás tendríamos
otro fin que de convertirnos tarde que temprano en ellos.
REDIRECCIONAR.
CONSTRUIR. TRANSITAR.
La visión de un nuevo mundo será
siempre soportada por un proyecto colectivo; de lo que se quiere, se sueña, de
lo que urge y se necesita. De lo que espera construir en un mundo.
Si no existe una pre-concepción
no existirá nunca jamás nada.
Y el principio de ese nuevo
que mundo que habrá de construirse esta en nosotros.
No comienza con un estruendoso
Big-Bang de dimensiones estratosféricas que cambie todo de un zarpazo.
Comienza con arduo trabajo y
constancia en las calles, en los barrios, en las comunidades. En nuestros
pueblos. El viejo “Piensa Global, actúa local nos refleja de manera exacta.
Nuestros pueblos que carecen
de bibliotecas decentes.
De espacios de esparcimiento
creativo, intelectual, de libre albedrío para decir lo que se tenga que decir.
Hay que tomar entonces los
espacios y hacerlos fértiles, con nuestra voz, nuestras ideas, nuestros
proyectos, nuestra música, con nuestra conciencia y nuestros puños.
Porque uno a veces piensa que
es sus cavilaciones sobre estos temas se está solo. Pero hay decenas de
personas que están en la misma frecuencia y más allá de doblegarse ante la
complacencia juvenil y rebeldía como simple suvenir entienden perfectamente que
es ahora una necesidad imperante de pensar y discutir y accionar sobre este
tema. Entienden que es urgente.
Es urgente construir
plataformas, construir alternativas. Construir nuevos discursos, nuevas expectativas,
nuevos paisajes, reconstruirnos en sí.
Y posiblemente volvamos a
caminar sobre la avenida de las estatuas violadas con la frente en alto. Y podríamos
perder una decena de batallas más.
Pero estaremos más preparados,
con una logística y operatividad bien definida. Con nuestros pasos
sincronizados y resueltos.
Con nueva y feroz poesía.
Con nuevas y estridentes líricas.
Que harán retumbar los
confines de las ciudades.
