martes, 1 de enero de 2013

La avenida de las estatuas violadas.


La avenida de las estatuas violadas sería entonces su nuevo nombre.
Mientras corríamos por las aceras podía ver los mares de gente trastabillando como en una cuerda floja, tentando a oscuras su nebuloso porvenir.
Gritábamos a ciegas. Tarareábamos a unísono consignas mudas que jamás serían escuchadas.
Eso era México; México defraudado, México traficado, México  saqueado, México  mediatizado, México idiotizado, México comercializado, México ultrajado, México vulnerado y subestimado.
El 07 de Julio en la marcha de las estatuas violadas entendimos todos los caminantes enfurecidos y tristes que habíamos perdido nuevamente la batalla. Que habíamos optado jugar en último momento un juego que no estaba diseñado para que ganáramos algúna vez. Que habíamos jugado otra vez con ese viejo ampón llamado Democracia Mexicana suplicando que esta vez desistiera de utilizar sus viejos trucos sucios.
Esta vez entendíamos penosamente que no sería suficiente armarnos de conciencia y poesía para hacerles frente, que nuestras canciones de ilusa libertad y unión nunca rozarían siquiera sus corazones.
Que ellos contaban con riquezas incalculables.
Con sistemas de manipulación de masas apabullantes.
Pseudo-lìderes de opinión comprados y descerebrados.
Que a ellos los soportaban las instituciones financieras.
Las cadenas de supermercados.
La opulenta oligarquía política del país.
Los sindicatos corruptos.
Los intereses internacionales.
Un ejército de militares descorazonados y desconcientizados que exterminarían si así estuviera estipulado en la nueva agenda.
El sistema de facto maquillaría, compraría, violaría, malversaría cualquier resquicio de ética básica para mantener la permanencia de los suyos en el poder, que los medios para mantener la sustentabilidad de la élite burocrática y empresarial no conocía límite alguno, no reconocía cifras, estadísticas, no diferenciaba entre pobreza y ejecuciones.

Eso era México.
Y nuestra rabia se dispersaba sin llegar a un punto fijo, sin aterrizar en ninguna parte.

¿Entonces que hay que hacer?
¿Hacia dónde ir?
                                      No encontrábamos respuestas.
Porque en el fondo no se trataba de que hubiera ganado uno u otro. Se trataba de haber cruzado este largo y triste recorrido de mentiras, de cinismo en el nombre de construir un nuevo sendero. El dolor que provocaba ver desmoronarse esa costosísima pifia, un teatro que se había montado para llegar al fin al mismo punto:
                                                                             El desamparo. La Ignominia.
En el fondo lo que nos laceraba era ver el triste e inexorable panorama que nos aguardaba. Que no merecíamos, pero que algunos cuantos ya nos tenía reservado.

¿Entonces que hay que hacer?
Re-pensar. Construir. Reconstruir. Reconfigurar.

¿Hacia dónde ir?
Re-direccionar. Pero con el mismo objetivo.

Las respuestas a fuerza de necedad llegaron por si solas.

Habría que volver a construir los caminos, dejar de jugar su juego; autoproducir, autogestionar, autodirigir nuestro porvenir.
Reconfigurar la estrategia; porque si habíamos llegado aquel callejón sin salida había sido por una cultura de corrupción y malversación que habían construido ellos, la cual habían tardado en construir decenas de años, la cual nos había sido heredada desde que nacimos en este pueblo. Y nuestra respuesta primordial sería construir una nueva plataforma cultural y de sustentabilidad para vivir. Construir al menos los cimientos para que nuestros niños crezcan rodeados de otros paisajes y posibilidades y añorar nuevas expectativas, nuevos porvenires.

Hay que ir entonces a donde nos lleven los caminos que vayamos construyendo.
Hay que redireccionar la rabia de manera inteligente. Esta sería nuestra materia prima.

Porque si el conformismo nos sujetara una vez más. Si la desmoralización nos invadía de nuevo jamás tendríamos otro fin que de convertirnos tarde que temprano en ellos.

REDIRECCIONAR. CONSTRUIR. TRANSITAR.

La visión de un nuevo mundo será siempre soportada por un proyecto  colectivo; de lo que se quiere, se sueña, de lo que urge y se necesita. De lo que espera construir en un mundo.
Si no existe una pre-concepción no existirá nunca jamás nada.

Y el principio de ese nuevo que mundo que habrá de construirse esta en nosotros.
No comienza con un estruendoso Big-Bang de dimensiones estratosféricas que cambie todo de un zarpazo.

Comienza con arduo trabajo y constancia en las calles, en los barrios, en las comunidades. En nuestros pueblos. El viejo “Piensa Global, actúa local nos refleja de manera exacta.

Nuestros pueblos que carecen de bibliotecas decentes.
De espacios de esparcimiento creativo, intelectual, de libre albedrío para decir lo que se tenga que decir.
Hay que tomar entonces los espacios y hacerlos fértiles, con nuestra voz, nuestras ideas, nuestros proyectos, nuestra música, con nuestra conciencia y nuestros puños.

Porque uno a veces piensa que es sus cavilaciones sobre estos temas se está solo. Pero hay decenas de personas que están en la misma frecuencia y más allá de doblegarse ante la complacencia juvenil y rebeldía como simple suvenir entienden perfectamente que es ahora una necesidad imperante de pensar y discutir y accionar sobre este tema. Entienden que es urgente.
Es urgente construir plataformas, construir alternativas. Construir nuevos discursos, nuevas expectativas, nuevos paisajes, reconstruirnos en sí.              

Y posiblemente volvamos a caminar sobre la avenida de las estatuas violadas con la frente en alto. Y podríamos perder una decena de batallas más.

Pero estaremos más preparados, con una logística y operatividad bien definida. Con nuestros pasos sincronizados y resueltos.
Con nueva y feroz poesía.
Con nuevas y estridentes líricas.
Que harán retumbar los confines de las ciudades.
Sabremos entonces que jamás seremos derrotados.