jueves, 25 de marzo de 2010

El Gran Jefe Parte II "Una Sangre."

Entonces aquella noche maldita, cargada con el principio y el fin de nuestras tragedias hubo de llegar, se poso frente a mí y me abrió los ojos, me acaricio el rostro y me bendijo con la muerte, me resguardo con sus sombras y yo me entregué a ella, me dejé ir en sus brazos como un puñado de estrellas agonizantes…..Entonces inicie el camino de regreso al desierto nuevamente.
Hipnotizado me dirigía hilvanando mil recuerdos , enunciando las voces de mis sueños que me desquiciaban y me impulsaban a seguir con mi última y desgraciada empresa en este mundo, armado con machetes, cuchillos, tenedores y mi vieja 357 observaba en el horizonte la guarida del Gran Jefe, su sucia y maldita morada.
Sabía de antemano que no sería sencillo, que tendría que deshacerme de todos sus súbditos antes, de sus perros, de sus golfas, de su ejercito de carroñas, pero el odio que me habitaba era más fuerte que yo y que todos ellos juntos, mi antiguo ser incapaz de lastimar siquiera a una bestia habia sido erradicado de este molde marchito, ahora no tendría empacho en cortar y lacerar cada un de sus inservibles miembros. Fué así que de pronto me encontré frente a frente con la noche devorando vivo al atardecer que liberaba sus últimos rayos de luz, por mi parte me sentía agobiado de felicidad, como cabalgando salvajes corceles rojos, bellos e intempestivos como tornados que habrían de llevarme retozantes al final de mis pesadillas.
Al llegar a su fortaleza, me quede instalado estático en uno de sus grandes paredones, vigile por algunos minutos a sus escoltas nocturnos, al primero lo degollé delicadamente; cubrí su boca con mi mano y remate después con mi machete, al siguiente, en el otro extremo, le clavé mis múltiples púas mientras este, perdido en sus sueños no hizo gesto alguno, hube de continuar y terminar a tiros a sus galgos escandalosos para después prenderle fuego a la bodega trasera con su ejercito de malnacidos encerrados dentro. Todo fue tan placentero y simple como se suponía, que al salir de mi profundo y liberador trance, la noche parecía ya una estrepitosa feria; con los gritos y sollozos de los chamuscados y la luz del fuego restregándose en mi piel, los cuerpos de algunas piltrafas tumbadas sobre el camino de piedra y su sangre esparcida entre los matorrales.
Ví sin querer el rostro del Gran Jefe asomarse entre las rendijas del ventanal principal, este daba ordenes de aniquilamiento a sus golfas en contra de mí, quienes armadas hasta los dientes salieron casi desnudas disparando tratando de asustarme, pero el miedo habia quedado kilometros atrás, abismales meses atrás. Me refugie en el techo, entre la oscuridad esperando un instante de confusión y distracción de su parte para concluir sus vidas, pero estas desistieron de inmediato al ver el panorama que dibujaba incontables visiones de muerte y desolación, ellas dejaron caer sus armas y abandonaron el lugar de inmediato, tan solo quedó alguna, presa de un ataque de nervios enclaustrada de rodillas en sí, me acerqué despacio y le ofrecí mi mano para ayudarla a morir, pero ella prefirió arrancarme el dedo meñique con sus dientes y apuñalar mi pie derecho repetidamente, pero yo no sentía nada, habia perdido la facultad de dolor que es lo único que le pertenece a un hombre vivo, tomé un tenedor y se lo clavé entre los ojos , rengueando le amarre una soga al cuello y la colgué como a una gallina, después le prendí fuego, intente después dispararle pero mi arsenal habia sido rebasado, solo se escuchaba yá el triste clickeo del revolver vació…….no tenía ya nada conmigo y faltaba aún la mejor parte.
Entré entonces al aposento del Gran Jefe, abrí sutilmente la puerta de roble, entré despacio sin hacer ruido, no quería ofrecer más molestias de las acordadas con anterioridad, se respiraba una atmósfera tranquila coloreada por las cortinas rojas de los ventanales y la luz de las llamas que por momentos se colaban por sus fisuras, mil recuerdos pasaron por mi mente; como cuando al borde del shock se contrae la memoria, sin querer me dí cuenta que de mi mano brotaba un chisguete curioso de sangre y que mi bota estaba carcomida casi a la mitad. Él Gran Jefe estaba al fondo de un gran corredor aplastado en un sofá sujetando entre sus brazos un retrato, tomaba Tres Herraduras a capela, camine despacio hasta él; lo miré más viejo, más delgado y consumido, como un rostro al cual le han arrebatado sus facciones, al dirigir mi mirada a la suya note miedo en sus ojos, el Gran Jefe parecía asustado, tomo un largo trago directo de la botella y me balbuceó algo incomprensible, no le dí importancia y avancé un poco más hacia él, observe un poco de sabiduría cuando transformo su mirada en otra llena de resignación, retiró el retrato de su pecho y me lo mostró como defendiéndose con un crucifijo………………era él varias décadas atrás, en su juventud, con sus castaños cabellos cubriéndole su frente, su tez intacta, sus cejas pobladas y su mirada profunda. Regresé por un instante al mundo de los vivos y no pude contener el llanto, era idéntico a mí….era yó sonriendo alguna vez en él hacia mucho tiempo……Llorando abracé su cuello con mis manos para arrebatarle la vida, llorando le quite el aliento, me quite el aliento……..Nos quitamos ambos el aliento.
Lo cargué entre mis brazos para prenderle fuego al amanecer, mientras me decía para mis adentros que sus cenizas no pertenecerían jamás a un cementerio, a un playa celestial, ni habrían nunca de hacer crecer a nada debajo de un árbol fulgurante de vida, su lugar sería el ir y venir del viento abrumador de este cruel desierto perdido en la nada….allí se quedaría para siempre.
Entonces escuche su voz dentro de mí diciendo:
“todo esto que esta a tu alrededor será tuyo cuando yo muera; serás dueño de la rabia y la peste, de la burla y el odio, todo esto será solo para ti”.

Ahora todo aquello que nunca anhelé me pertenecía, era todo mió.




“Dedicado a mi querido padre que habita en mí, en cada paso
y rincón de mi naturaleza.”

miércoles, 10 de marzo de 2010

El Gran Jefe. Parte I



El gran jefe me dijo alguna vez, borracho hasta el tuétano lo que esperaba de mí; me dijo que tal vez en ese entonces estaría muy pendejo para comprenderlo, que no tenía idea de lo que un hombre era, que tenía demasiado cabello en la cabeza y por eso no pensaba correctamente, que a su lado dejaría de actuar como un marica para convertirme en lo que él era; una verga, que de ser necesario debería quemar con napalm a la humanidad en pos de ser una verga, una verga embrutecida en tequila para tomar las decisiones más infames, las más torcidas en pos de seguir siéndolo.
Recibí mil insultos al principio, dado mi estúpida condición imberbe, dado mi tonta e inútil abnegación hacia mis principios y mis prejuicios sobre lo correcto, pero poco a poco fui entumiendo mis músculos, agrietando los nudillos de mis puños, contabilizando los golpes de una y otra borrachera triste. Observaba de cerca la envidia de las personas hacia las personas, la capacidad inhumana de los semejantes para ahogar en llamas a sus semejantes para preservar su lugar cercano a los ojos del gran jefe. Aprendí un poco de cada cosa.
Fue entonces que conocí el odio; nunca antes lidie con él, y no es cosa de juego, te penetra como un demonio, nubla tu sensatez y divagas en las atrocidades más oscuras, después vienen los escalofríos y al final un limitado control de tu persona, gracias al cielo habrá terminado después de algunos minutos dantescos, pero ya nuca serás lo mismo, ahora el odio será un habitante dentro de ti, como alguien que vigila escondido detrás de una puerta entreabierta esperando a irrumpir en el próximo acto.
Peleé con putas rabiosas, traileros empastillados, cantineros malhumorados sabelotodos, recorrí millones de kilómetros enteros mirando paisajes sin gracia, gente similar en todas partes, durmiendo encima del musgo u hoteles de cinco estrellas, en opulentos lofts sofisticados o en el lodo del aparcamiento, lo mismo era para mí, de cualquier forma las pesadillas siempre acudían a la misma hora y el sonido mounstroso de la Wensson 357 siempre me despertaba incondicionalmente seteado en el mismo infierno……. un desierto solitario en medio de los lúgubres versos del viento con sus fantasmas encadenados; un infierno insostenible, el cuál poco a poco me fue siendo más placentero, más necesario y el cuál pronto se convirtió en mi forma de vida. De pronto mis sonrisas se esfumaron, mis conversaciones dejaron de ser transparentes, el canto de mi voz se había desvanecido, complacía a mis fines sometiendo a mis medios, engañaba, pretendía, robaba, evadía, maldecía, señalaba, me hinchaba en todo lo que me hiciera parte y a la vez me alejara de todo, desistí de mi persona y pasado, herí a mis hermanos e insulte a mi madre, les di de comer veneno a mis perros hambrientos que cuidaron mi espalda por las noches, dispare en contra del cielo tratando de aniquilar sus estrellas para así en el fondo aniquilarme, aniquilarme de mí…………………………………………………………………………………………. Hasta que un día el gran jefe estuvo orgulloso, me miro a los ojos, y me dijo:
“todo esto que esta a tu alrededor será tuyo cuando yo muera; serás dueño de la rabia y la peste, de la burla y el odio, todo esto será solo para ti”.
Entonces lo amé, en ese momento; cuando fui dueño de su gracia y su mirada estuvo a mi corta altura, le dije que no habia venido para arrebatarle todo aquello, que había venido porque trataba de encontrar algo que nunca había poseído, algo que tal vez sin querer habia estado buscando, un padre………………………………..
El gran jefe me miro conmovido, después su rostro se transformo como un huracán cuando se sucede en grandes proporciones, me abofeteó tan fuerte que la agudeza que sentía en mis oídos nublo mi percepción, salí entonces corriendo mientras el gran jefe me gritaba que jamás debía de volver, que lo había defraudado, que se había equivocado, que no dejaría nunca de ser una niña corriendo tras las faldas de su madre.
Corrí trastabillando sobre la arena del desierto, como un coyote a medio morir que escapa con un tiro en la oreja, con la luna en sus hombros que tenuemente le muestra su indeciso destino como las negras notas de un Rachmaninof.
Tiempo seguido me refugie en mil puteros, decenas de cantinas, en picaderos, me volví un ente que reacciona a respuestas físicas y no a emociones, deambulé por los callejones y esquinas ebrío, durmiendo en las marquesinas de los cines, pero ya no lograba distinguir entre mi vida y un filme viejo, la locura me habia llegado, toco a mi puerta y yo la deje entrar sin querer para que me chupara la sangre, las mujeres que antes me habían amado me miraban caminar perdido entristecidas, apenadas de mi destino, tan solo caminaba como un sonámbulo que se embadurna con sus pensamientos desorganizados, eso era lo unico que me sobrevivia.
A veces el odio regresaba conmigo por las noches, como un siamés maldito, tramaba conmigo, maquinaba mi mente, me decía que todos los asesinos muertos volverían por un instante para convertirse en mí y así poder satisfacerlo, que solo asi terminaría yo con todo esto y todo esto conmigo. Asi que comencé a obsesionarme con nuestra venganza, a trazar el destino del gran jefe; pensé en clavarle un ciento de clavos de vía y prenderle fuego, cortarle la cabeza y empalarlo con una barra plana, mil docientas formas para inmolar mi odio, trescientas maneras para borrar el pasado. Para llorar como se hace en silencio; matándolo.
Mi nombre -testifiqué- sucumbiría en la oscuridad………………….