Cuando tenía 14 años tuvé mi primer gran crisis de realidad en la clase de historia.
Sucedió después de ver The Schindler's List un viernes a medio día.
Algo, lento y confuso, algo triste y viceral me había atrapado al terminar el filme.
Tal vez fue ese piano cabizbajo que se deslizaba poco a poco en mi interior, que deambulaba como en una pradera trastabillando, volviéndose loco tratando de improvisar caminos, imaginándose construyendo preguntas…..Pero las preguntas estaban muy lejos y las respuestas jamás existirían.
El dolor en mi garganta se acentuaba segundo a segundo mientras los créditos del filme se desvanecían entre lápidas que parecían terrazas de arroz. No pude moverme, algo dentro de mí había muerto. De pronto, como un torbellino que arrasa sin avisar, como un dique que súbitamente se rompe comencé a llorar; y no fue solo llanto, mis queridos lectores, fueron ríos de lágrimas que surcaron mis mejillas por decenas de minutos indescriptibles, era yo surcando esa pradera tratando de improvisar caminos, imaginándome construyendo preguntas tan complicadas, para respuestas que jamás existirían.
El profesor no supo que decir ni que hacer, todo se había salido de control supongo.
Mis compañeros se levantaron de inmediato e iniciaron un partido de baloncesto.
Yo estaba devastado, hecho trizas en un pupitre, conmocionado por el mundo sin saber que hacía con exactitud en él. Lloré sin querer y sin cesar como dejándome llevar por un pesado destino, sin oponer resistencia a su fúrica marea. Nelly, la única niña en clase me abrazo y me llevo despacio a una jardinera, estuvo conmigo hasta que el shock pasó y se fue sin decir nada. Yo me fui a casa poco después. Tan solo era un chico tonto.
Después lo olvidé. Mantuve ese recuerdo enterrado debajo de mil cosas inservibles, dos toneladas de esto y de aquello; lo ahogué en una tina de agua fría….
De entre los escombros de mi memoria, esta tarde Waltz With Bashir hizo renacer en mí esa horda de sentimientos intrincados; tristeza y conmoción, stress e ímpetu, un sentimiento de muerte prematura y vacuidad existencial. Esta vez aderezado con el concerto en F menor de Bach, lo cual terminó por partirme en mil pedazos. Será porque el único tópico que me hace llorar como una marica es la historia, porque no tiene salida, no tiene tonalidades, no tiene villanos ni héroes, victimas ni victimarios, tan solo es una profunda humanografía, la irrefutable prueba de la triste e indignante condición humana. Matanzas de Nazis en contra judíos, Judíos contra musulmanes, musulmanes contra marines, marines contra el resto del mundo, el mundo que se traga a sí mismo por la hambruna que un sistema creado por hombres y para el hombre lo mantiene en estado de inanición. A veces me pregunto, si habría alguna diferencia en morir en un campo de batalla o aniquilarte lentamente observando el televisor, si morir crucificado o acostarte a esperar la muerte retenga en sus extremos alguna relevancia, al fin y al cabo todos esperamos turno para la misma cámara de gas. Todos esperamos turno mientras cavamos una letrina profunda para esconder y olvidar esa triste e indignante historia como se esconde el polvo debajo de un felpudo viejo. “Podemos olvidar el pasado, pero el pasado no nos olvidará.”
Esta no es una canción de amor……….
Esta no es una canción de amor……….
Esta no es una canción de amor……….
Esta no es una canción de amor……….
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario